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Este libro es una crónica íntima y sincera sobre el recorrido de una vida vivida con intensidad, aprendizajes y amor. Julio César Díaz —también autor de Una historia de Parkinson— comparte recuerdos, miedos, vínculos y silencios, invitando al lector a detenerse y mirar su propio camino. No es una despedida, sino un agradecimiento. Un texto que abraza, interpela y recuerda que vivir, aún con dificultades, siempre vale la pena.

 

Autor:

Julio César Díaz

Nací el 19 de enero de 1965. Mi padre, Luis Ignacio Diaz (Lucho); mi madre, Nilda Barneix (Chucha); mi hermano Walter Luis. Fuimos y somos una familia de clase media, como tantas otras de este hermoso país. 

Soy un tipo fanático del fútbol (soy director técnico), que le gana la ansiedad y los miedos, transferidos por mi madre. Hice de todo (fui vendedor, docente, albañil, hornero; trabajos que heredé del ejemplo de mi viejo). Soy muy controlador y observador. Mis hijos son mi mayor tesoro y mi motor de energía. En el año 2016 me detectaron Parkinson y mi vida empezó a cambiar. Nunca le di importancia a la palabra Parkinson y lo que eso significaba. Lo tomé tranquilo; en ese momento la patología no era tan evidente. Hoy, en 2025, tengo temblores y más rigidez, pero hago mi vida normal, no me oculto y sigo disfrutando de mis amigos, reuniones familiares, salidas. Creo firmemente que la primera terapia que debemos hacer es la de no dejar de ser quienes somos, y que nuestra vida siga con total naturalidad a pesar de nuestros inconvenientes… ¡La vida es tan simple y tan corta!

 

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Este libro es una crónica íntima y sincera sobre el recorrido de una vida vivida con intensidad, aprendizajes y amor. Julio César Díaz —también autor de Una historia de Parkinson— comparte recuerdos, miedos, vínculos y silencios, invitando al lector a detenerse y mirar su propio camino. No es una despedida, sino un agradecimiento. Un texto que abraza, interpela y recuerda que vivir, aún con dificultades, siempre vale la pena.

 

Autor:

Julio César Díaz

Nací el 19 de enero de 1965. Mi padre, Luis Ignacio Diaz (Lucho); mi madre, Nilda Barneix (Chucha); mi hermano Walter Luis. Fuimos y somos una familia de clase media, como tantas otras de este hermoso país. 

Soy un tipo fanático del fútbol (soy director técnico), que le gana la ansiedad y los miedos, transferidos por mi madre. Hice de todo (fui vendedor, docente, albañil, hornero; trabajos que heredé del ejemplo de mi viejo). Soy muy controlador y observador. Mis hijos son mi mayor tesoro y mi motor de energía. En el año 2016 me detectaron Parkinson y mi vida empezó a cambiar. Nunca le di importancia a la palabra Parkinson y lo que eso significaba. Lo tomé tranquilo; en ese momento la patología no era tan evidente. Hoy, en 2025, tengo temblores y más rigidez, pero hago mi vida normal, no me oculto y sigo disfrutando de mis amigos, reuniones familiares, salidas. Creo firmemente que la primera terapia que debemos hacer es la de no dejar de ser quienes somos, y que nuestra vida siga con total naturalidad a pesar de nuestros inconvenientes… ¡La vida es tan simple y tan corta!