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Posiblemente sea cierto que, en su búsqueda, la anhelada “verdad” es efímera en el tiempo, transcurre evolucionando de modificación en transformación, es decir, cambia permanentemente adaptándose a los factores y circunstancias de la existencia. A la verdad hay que buscarla, se encuentra contenida en la realidad, y la realidad es lo actual, lo que vemos y palpamos ahora, en este instante. Tanto la realidad como la verdad se perpetúan en la historia, como una fotografía lo hace con las imágenes que captura, con la diferencia que en la historia ha existido una interpretación, por lo que se encuentra teñida inevitablemente de lo parcial que es la mente humana. En filosofía se define a esta relación, entre la verdad y la realidad, como la que existe entre un sujeto –humano– inteligente y un objeto –material– de la realidad. Si esta relación entre el sujeto y el objeto no se corresponden, se entiende que comprendería a una falsedad. Luego, a estas cuestiones relacionales, tenemos que agregarle invariablemente el tiempo que implica su existencia determinada, ya que su transcurrir modifica permanentemente la realidad del objeto y, por ende, la interpretación del sujeto sobre su verdad que pudiera observar en ese momento. En el presente trabajo, el autor examina, desde un criterio global –basado en principios científicos y empíricos– el funcionamiento de los mecanismos que se imponen para el reconocimiento de la realidad y la verdad contenida en ella, en la búsqueda del equilibrio necesario para enfrentar las apariencias, errores, ficción y fantasías que los ciclos del universo todo nos exponen cotidianamente.

 

Autor:

Héctor Severino

Cuando los tiempos corren en forma acelerada, como sucede en nuestras vidas en sociedad, la forma indefinida del “tiempo” solamente es un reflejo en la evolución de todas las cosas y los seres que nos rodean. Pero su influencia es innegable, como consecuencia del movimiento que impone la evolución, o vaya a saber qué fuerza del universo. Nuestra mente está diseñada para interpretar todo lo que ingresa en ella por intermedio de los sentidos que nos asisten –con todas sus distorsiones– y de los que hemos sido dotados en adaptación al medio ambiente que habitamos. El archivo del conocimiento que la experiencia nos va conformando contribuye en el acto de razonamiento que se ejecuta en forma recurrente o natural. Todo esto se realiza en función de la búsqueda e identificación de la realidad que nos rodea o afecta, en ese momento determinado. Esta realidad suele estar expuesta ante nosotros con las apariencias, errores, ficciones y fantasías que la limitación de las capacidades de los sentidos que poseemos nos aporte, o también con las intenciones de otros sujetos o grupos. En definitiva, todas estas acciones tienen como finalidad la obtención de la “verdad” que se encuentre contenida en esa realidad identificada. Esa verdad, cuanto más exacta o aproximada se obtenga, nos aportará una mayor posibilidad de tomar decisiones acertadas. Las decisiones tomadas con un previo razonamiento forjarán los detalles fundacionales del porvenir. Y esto creo que es lo que debemos inculcar a nuestros congéneres, especialmente a los jóvenes, para el bien de la humanidad toda y su futuro existencial. 

 

El autor ha distribuido las siguientes ediciones: 

“Al umbral de la cornisa” (Poemas, 2017). 

“Los poemas del cosmos” (Poemas, 2018). 

“Lo pasado en recuerdo” (Poemas, 2018). 

“Relatos en fantasías” (Relatos, 2019).

“Pensando en el tiempo” (Poemas, 2022).

“Nuestra vida en el universo” (Ensayo, 2023).

“Potreros existenciales” (Poemas, 2024).

 

Todo lo que tratamos y describimos como “realidad social” –la que vivimos en la actualidad– puede que sea una parte de la apariencia toda que se encuentra desplegada en el entendimiento de nuestras capacidades intelectivas. Las posibilidades de nuestra dimensión de tamaño, tal vez, no nos permita ver o interpretar otras realidades anexas o aledañas, o de otras realidades que no estamos en condiciones de dilucidar. Es probable que toda la existencia sea una irrealidad más, un “holograma” existencial que nos rodea y nos da forma en la “película” que vivimos. No lo sé, no podría determinarlo.

 

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Posiblemente sea cierto que, en su búsqueda, la anhelada “verdad” es efímera en el tiempo, transcurre evolucionando de modificación en transformación, es decir, cambia permanentemente adaptándose a los factores y circunstancias de la existencia. A la verdad hay que buscarla, se encuentra contenida en la realidad, y la realidad es lo actual, lo que vemos y palpamos ahora, en este instante. Tanto la realidad como la verdad se perpetúan en la historia, como una fotografía lo hace con las imágenes que captura, con la diferencia que en la historia ha existido una interpretación, por lo que se encuentra teñida inevitablemente de lo parcial que es la mente humana. En filosofía se define a esta relación, entre la verdad y la realidad, como la que existe entre un sujeto –humano– inteligente y un objeto –material– de la realidad. Si esta relación entre el sujeto y el objeto no se corresponden, se entiende que comprendería a una falsedad. Luego, a estas cuestiones relacionales, tenemos que agregarle invariablemente el tiempo que implica su existencia determinada, ya que su transcurrir modifica permanentemente la realidad del objeto y, por ende, la interpretación del sujeto sobre su verdad que pudiera observar en ese momento. En el presente trabajo, el autor examina, desde un criterio global –basado en principios científicos y empíricos– el funcionamiento de los mecanismos que se imponen para el reconocimiento de la realidad y la verdad contenida en ella, en la búsqueda del equilibrio necesario para enfrentar las apariencias, errores, ficción y fantasías que los ciclos del universo todo nos exponen cotidianamente.

 

Autor:

Héctor Severino

Cuando los tiempos corren en forma acelerada, como sucede en nuestras vidas en sociedad, la forma indefinida del “tiempo” solamente es un reflejo en la evolución de todas las cosas y los seres que nos rodean. Pero su influencia es innegable, como consecuencia del movimiento que impone la evolución, o vaya a saber qué fuerza del universo. Nuestra mente está diseñada para interpretar todo lo que ingresa en ella por intermedio de los sentidos que nos asisten –con todas sus distorsiones– y de los que hemos sido dotados en adaptación al medio ambiente que habitamos. El archivo del conocimiento que la experiencia nos va conformando contribuye en el acto de razonamiento que se ejecuta en forma recurrente o natural. Todo esto se realiza en función de la búsqueda e identificación de la realidad que nos rodea o afecta, en ese momento determinado. Esta realidad suele estar expuesta ante nosotros con las apariencias, errores, ficciones y fantasías que la limitación de las capacidades de los sentidos que poseemos nos aporte, o también con las intenciones de otros sujetos o grupos. En definitiva, todas estas acciones tienen como finalidad la obtención de la “verdad” que se encuentre contenida en esa realidad identificada. Esa verdad, cuanto más exacta o aproximada se obtenga, nos aportará una mayor posibilidad de tomar decisiones acertadas. Las decisiones tomadas con un previo razonamiento forjarán los detalles fundacionales del porvenir. Y esto creo que es lo que debemos inculcar a nuestros congéneres, especialmente a los jóvenes, para el bien de la humanidad toda y su futuro existencial. 

 

El autor ha distribuido las siguientes ediciones: 

“Al umbral de la cornisa” (Poemas, 2017). 

“Los poemas del cosmos” (Poemas, 2018). 

“Lo pasado en recuerdo” (Poemas, 2018). 

“Relatos en fantasías” (Relatos, 2019).

“Pensando en el tiempo” (Poemas, 2022).

“Nuestra vida en el universo” (Ensayo, 2023).

“Potreros existenciales” (Poemas, 2024).

 

Todo lo que tratamos y describimos como “realidad social” –la que vivimos en la actualidad– puede que sea una parte de la apariencia toda que se encuentra desplegada en el entendimiento de nuestras capacidades intelectivas. Las posibilidades de nuestra dimensión de tamaño, tal vez, no nos permita ver o interpretar otras realidades anexas o aledañas, o de otras realidades que no estamos en condiciones de dilucidar. Es probable que toda la existencia sea una irrealidad más, un “holograma” existencial que nos rodea y nos da forma en la “película” que vivimos. No lo sé, no podría determinarlo.