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Nahuel: el gladiador de sus sueños es una historia real de esfuerzo, perseverancia y superación. A través de sus experiencias, Nahuel demuestra que los límites no están en el cuerpo ni en las circunstancias, sino en la mente. Con la música, la fe y el apoyo de quienes lo acompañaron en el camino, aprendió que los sueños no se esperan: se trabajan. Un relato inspirador para quienes se animan a creer que todo es posible.

 

Autor

Nahuel Ferretti

un jueves 28 de agosto de 1997 a las 5 de la mañana, nací en el Hospital Luis Lagomaggiore. El parto fue complicado porque nací con fórceps, es decir, con un sistema de pinzas sobre el cuello del bebé; cuando viene la contracción le piden a la madre que haga fuerza y ahí lo sacan para afuera. Me llevaron a Neonatología y permanecí en una incubadora para mi estabilización, mientras mi papá Edgardo esperaba afuera con una amiga de mis padres, Silvia, hasta que salió la enfermera y les dio la noticia de que estaba todo bien. Al pasar los años, me llevan a controles médicos al Hospital Notti, donde me diagnosticaron una discapacidad motriz con retraso mental moderado. Pese a este diagnóstico, mis padres me amaron, me cuidaron siempre y se desvivían por mí. Siempre fui muy cuidado, nunca me faltó nada.

Nahuel: el gladiador de sus sueños

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Nahuel: el gladiador de sus sueños es una historia real de esfuerzo, perseverancia y superación. A través de sus experiencias, Nahuel demuestra que los límites no están en el cuerpo ni en las circunstancias, sino en la mente. Con la música, la fe y el apoyo de quienes lo acompañaron en el camino, aprendió que los sueños no se esperan: se trabajan. Un relato inspirador para quienes se animan a creer que todo es posible.

 

Autor

Nahuel Ferretti

un jueves 28 de agosto de 1997 a las 5 de la mañana, nací en el Hospital Luis Lagomaggiore. El parto fue complicado porque nací con fórceps, es decir, con un sistema de pinzas sobre el cuello del bebé; cuando viene la contracción le piden a la madre que haga fuerza y ahí lo sacan para afuera. Me llevaron a Neonatología y permanecí en una incubadora para mi estabilización, mientras mi papá Edgardo esperaba afuera con una amiga de mis padres, Silvia, hasta que salió la enfermera y les dio la noticia de que estaba todo bien. Al pasar los años, me llevan a controles médicos al Hospital Notti, donde me diagnosticaron una discapacidad motriz con retraso mental moderado. Pese a este diagnóstico, mis padres me amaron, me cuidaron siempre y se desvivían por mí. Siempre fui muy cuidado, nunca me faltó nada.